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CENTRO INTEGRAL DE SALUD PSICOFÍSICA

                         *  Director: Prof. Lic. Rubén O. Di Battista

 Psicólogo Cognitivo Comportamental

SALUD MENTAL

SALUD (del latín: salud, utis)

Desde una perspectiva histórica, el concepto de Salud Mental nos remite al dualismo clásico de Descartes: una diferenciación fundamental entre mente (lo mental) y cuerpo (lo corporal) como dos ámbitos ontológicos diferentes. A partir de este planteo irán apareciendo conceptualizaciones que intentarán establecer algún tipo de relación entre los dos conceptos, o aceptarlos  como distintos aspectos del mismo fenómeno.

Hay una realidad desde el punto de vista epidemiológico: las personas se enferman y es posible estudiar factores relacionados con la producción de morbilidad y mortalidad, relacionados con el ambiente natural, social o con modos de vida diferentes culturalmente.

No es posible hablar de Salud absoluta. No existe psicológica, biológica o socialmente, pues tal expresión entraría en contradicción con la capacidad inherente a todo sistema de desequilibrarse y cambiar. Por lo tanto, debemos hablar del proceso salud-enfermedad que nos llevará a la idea de acción ante el conflicto, de transformación ante la realidad.

Un ser humano que nunca experimenta ningún trastorno emocional sería todo, menos humano. La manera de protegerse contra la tensión interior es lo que sirve para probar si se trata de una personalidad normal o de una enferma.

Todos tenemos conflictos emocionales dentro de nosotros; sobrellevamos un buen número desde los días de nuestra infancia, y otros derivan de experiencias posteriores. Algunos pueden ser graves, pero la persona sana no por esta causa se convertirá en un caso psiquiátrico: sus mecanismos defensivos tienen la capacidad de protegerlo de las tensiones interiores.

La Salud Mental, subsistema del sistema global denominado Salud Pública, se nos presenta así como una disciplina de intersección de las distintas ciencias del hombre, que se ha ido constituyendo como un espacio de reflexión gracias a la contribución de distintas esferas de la actividad científica: Psicología, Sociología, Antropología, Psicoanálisis, Neurología, Ecología.

La Salud Pública pasará a ser responsabilidad de los gobiernos a partir de la organización de los Estados modernos. En un principio, todo lo que perturbe el orden social será controlado de alguna manera. No interesará tanto el “individuo psicológicamente distinto”, pues a aquellos cuya conducta era desorganizada, ofensiva al orden social se los consideraba víctimas del castigo divino, poseídos por el demonio. Datos históricos nos revelan que las personas con trastornos psicológicos fueron torturadas, flageladas, asesinadas.

El uso del término Salud Mental deriva de una línea de pensamiento que comienza con el estudio del “hombre poseído”, “endemoniado” o “embrujado” en busca de su paraíso perdido: la Salud. Se va a estudiar la enfermedad, cómo se produce y se va a llamar Salud Mental a todo un accionar con relación a la modificación de lo asociado con lo patológico.

Cultura-Sociedad y salud-Enfermedad

Partiendo del pensamiento de que existe una relación entre la cultura y las patologías (y/o la salud), sería imprescindible el aprender lo que las comunidades, las sociedades necesitan, lo que saben con respecto a su salud y enfermedad, y principalmente tratar de comprender “cómo lo saben”.

El tema de la Salud Mental es serio y preocupante como para depender de las intuiciones o iluminación circunstanciales de algún funcionario o corriente determinada.

Ya no son los expertos médicos dueños de una verdad absoluta aprendida en las facultades. Los códigos que permiten la comunicación difieren de una sociedad a otra y aún de un sector social a otro dentro de un mismo conglomerado sociopolítico. Lo que se entiende por “sano” y por “enfermo” puede variar dentro de un mismo país, entre subculturas diversas.

Las variables Enfermedad Mental y Salud Mental son conceptos universales, pero sus atributos, las formas de reconocerlas y expresarlas están condicionados por las creencias y valores propios de los diversos sectores socioculturales. De tal modo que cada sociedad, tiene su incidencia en la determinación del modo en que sus individuos perciben y explican sus comportamientos sanos y mórbidos, y es importante escuchar a quienes enferman que mucho tienen para decirnos.

El contexto sociocultural (inclusive muchas veces el contexto familiar) al cual pertenece la persona tiene una  gran influencia en un importante tema: el de poner de manifiesto o no, “hacer público o no” ciertos tipos de malestares. Existen normas que establecen pautas sociales y culturales con respecto a comunicar o no problemas por fuera del grupo al cual se pertenece, que influirán en que el individuo admita o no ante un extraño o en público que se siente mal.

El concepto de salud mental, ¿qué significa?

Ante la expresión Salud Mental generalmente se piensa en la enfermedad mental. No obstante debemos saber que Salud Mental no solamente es ausencia de enfermedad mental, sino que implica mucho más que eso...

Se refiere al completo bienestar físico, psíquico y social. Estado en que el ser ejerce sus funciones normalmente.

Consistiría en que al individuo se le posibilite ejercitar su capacidad para desarrollarse y de realizar cambios que conduzcan al crecimiento y evolución personal. La Salud Mental es un estado de relativo equilibrio e integración de aquellos aspectos conflictivos que conforman al individuo, por lo tanto que la persona tenga buen estado de salud implica poder enfermar y tener la capacidad de restablecerse.

Independientemente de la denominación con que hagamos referencia a ella, es un estado al que a todos nos gustaría acceder y del cual poder disfrutar.

Cuando hablamos de satisfacción, alegría, goce, placer, tranquilidad, paz, nos referimos a la Salud mental. Y muchas veces sin darnos cuenta que lo estamos haciendo.

Está estrechamente vinculada con nuestra vida de todos los días. Presente en el modo de relacionarnos con quienes compartimos los diversos momentos diarios: familiares, amigos, compañeros de trabajo, pareja y los demás integrantes de la comunidad a la cual pertenecemos.

Esto comprende la forma en que cada uno logra armonizar las demandas de la vida y, para poder afrontarlas, sus recursos, ideales, valores, habilidades, sentimientos, proyectos, conductas, etc.

La vida de toda persona sana supone animarse a tener conflictos, enfrentar dudas y frustraciones, sentir miedos, pero lo importante estará en la posibilidad de sentir siempre “que está viviendo su propia vida” y no la de otro y en “asumir responsabilidad” por todo aquello que se hace o se deja de hacer.

Salud no significa ausencia de conflicto. Inevitablemente todo ser humano está sujeto a experimentar conflictos entre el amor, el odio, el temor, la necesidad de subsistir y la impotencia infantil, por lo tanto es indispensable que se desarrolle algún sistema que proteja, mediante el cual estas fuerzas en conflicto puedan ser contenidas y orientadas en forma constructiva hacia una meta común.

Salud significa contar con los recursos de resolución o equilibración. Cuando un individuo tiene la capacidad para deprimirse a partir de sus frustraciones, la culpa, la equivocación y puede tolerarlo, es un buen índice de salud que revela la integración personal alcanzada.

Así, el experimentar conflictos es propio de la vida humana, de nuestro psiquismo. Por consiguiente la Salud Mental, concebida como interjuego, movilización y cambio, consistiría en la posibilidad de reorganizaciones y equilibraciones creativas y adaptativas. No ausencia de patología, sino poder enfermarse y restablecerse, ser capaces de desarrollarnos y generar cambios que nos lleven a un crecimiento y evolución como personas. La patología, la enfermedad psíquica sería la rigidez, la cristalización, una adaptación rígida, inamovible a ciertas pautas, normas, a los continuos cambios en el mundo, en nuestra existencia. La dificultad para contemplar diversas alternativas ante las exigencias y necesidades internas y/o del mundo externo y no la presencia de conflictos, inherente a todo ser humano, el cual siendo sano en grado suficiente los enfrentará, atravesará más allá del posible resultado. Afrontamiento necesario para el crecimiento, desarrollo y maduración personal, constituyendo una experiencia psicológica enriquecedora y satisfactoria cognitiva y afectivamente.

Bohoslavsky analiza las conductas de una persona psíquicamente sana en términos de:

·         Seguridad. Se logra en la medida en que puedan cumplirse los objetivos propuestos.

·         Autonomía. Supone a una persona dueña de sus decisiones y de la elaboración de sus proyectos. Se vincula con el constante interjuego entre sus necesidades de seguridad y protección y las de sentirse en cierta medida independiente de la voluntad y el poder de los otros. Bastante difícil actualmente debido a la influencia de estilos de comunicación social orientados a unificar, a masificar y fabricar individuos gradualmente menos reflexivos y con deficiente actitud crítica.

·         Responsabilidad. El individuo se hace cargo de las consecuencias de sus decisiones.

·         Adaptación. En relación con la satisfacción de necesidades. Implica poseer la capacidad de esperar y para tolerar las frustraciones.

·         Renuncia a la omnipotencia. La presencia continua de futuro, que es limitado y finito.

Nuestro ciclo vital está delineado por el proceso de crecimiento que supone cambios, transiciones y adaptación. Durante ese ciclo, la persona interviene en situaciones en las que se encuentra con hechos imprevistos, azarosos y que le generan estrés (tensión emocional). Hoy sabemos que existe una estrecha relación entre el estrés y distintos tipos de trastornos psicológicos y somáticos. Pensemos a modo de ejemplo en la precariedad e inestabilidad laboral, la inseguridad y la marginalidad  social, la impotencia ante el alto nivel de corrupción e impunidad que impera en los tres poderes, etc.

Hartmann ha estudiado el papel de la adaptación, entendida como  posibilidad de dominio de la realidad, en un desarrollo psicológico sano. En general, una persona bien adaptada sería aquella en la cual su productividad, su capacidad para disfrutar de la vida y su equilibrio mental no están perturbados.

Los procesos de adaptación aluden a una interrelación constante entre variables internas: autoconcepto, identidad personal, autoconfianza, sentimiento de eficacia personal, autoestima, etc. y variables externas: La estructura social, su lugar en la misma, las posibilidades de realización y gratificación en el ámbito personal y social, las formas de trabajo, que codeterminan las reales posibilidades de adaptación que toda persona tiene.

Actualmente, un desafío sería brindar las condiciones que permitan conductas originales y creativas sin  llegar a un individualismo que deje de lado el bien común, la solidaridad, el nosotros.

La Salud Mental es una condición y un nivel de funcionamiento social que conlleva dos necesidades: La necesidad de adaptación social y la necesidad de lograr satisfacciones y realizaciones personales.

Hay tres actitudes básicas que contribuyen a delimitar el concepto de Salud Mental:

1.      Cómo nos sentimos con nosotros mismos.

2.      Cómo nos sentimos con los demás.

3.      En qué forma respondemos a las demandas de la vida.

El A B C de la Salud Mental

Características que pueden hallarse en las personas mentalmente sanas.

A.    Están satisfechas consigo mismas

·         No se sienten presas de sus propias emociones: envidia, celos, rabia, ira, temores, amor, preocupaciones, sentimientos de culpa.

·         Poseen la capacidad para aceptar las decepciones y fracasos de la     vida sin alterarse.

·         Su actitud es tolerante para consigo mismas y para con los demás.

·         Ni sobre valoran ni subestiman sus capacidades y habilidades.

·         Son capaces de percibir que son competentes para enfrentar las situaciones problemáticas.

·         Poseen la capacidad para enfrentar la mayoría de las situaciones diarias y para obtener placer de las cosas simples de la vida.

·         Se respetan a sí mismas.

B.     Se sienten bien con los demás

·         Capacidad de amar y  de tener en consideración los intereses de los demás.

·         Sus relaciones interpersonales se caracterizan por ser duraderas y  satisfactorias.

·         Les gusta confiar en los demás y sentir que otros confían en ellos.

·         Son tolerantes ante las diversas e importantes diferencias existentes entre la gente.

·         No permiten ser utilizados ni se aprovechan de los demás.

·         Tienen la habilidad para obtener respeto y aceptación de los demás y para hacer valer sus derechos como persona.

·         Se sienten parte de la comunidad.

·         Se sienten responsables de las cuestiones que competen a la sociedad.

C.    Son capaces de satisfacer las demandas que les presenta la vida

·         Afrontan sus dificultades a medida que se van presentando y a su debido tiempo.

·         Aceptan sus responsabilidades.

·         Modifican su ambiente cuando es posible y se ajustan al mismo cuando es necesario.

·         Poseen capacidad de proyectarse, de planificar para el futuro, enfrentándolo sin temor.

·         Tienen su mente abierta a nuevas experiencias e ideas.

·         Utilizan sus aptitudes y capacidades.

·         Se fijan metas reales y alcanzables.

·         Pueden tomar sus propias decisiones.

·         Logran gratificarse cuando ponen lo mejor de sí en lo que hacen.

La persona mentalmente sana se permite vivir tres tipos de vida:

·         En el mundo social, en el cual entabla relaciones interpersonales.

·         En el mundo propio interno, en el que construye su realidad psíquica (sueños, fantasías, imágenes)

·         En el área de la experiencia cultural (arte, filosofías, religiones, mitos), en la cual adquieren importancia el “saber jugar” y “el sentido del humor”.

Desde la perspectiva de la Psicología Cognitiva pueden citarse los siguientes índices de eficiencia y control intelectual, y por ende de Salud Mental:

·         Posibilidad de tomar voluntariamente una actitud mental.

·         Posibilidad de cambiar voluntariamente de un aspecto de una situación a otra.

·         Capacidad de tener presentes simultáneamente varios aspectos de una situación, y de captar lo esencial de un total dado.

·         Ser capaz de separar los componentes de una situación.

·         Generalizar y resumir propiedades comunes.

·         Planificar adecuadamente.

·         Pensar y actuar en forma simbólica, con la posibilidad de separar el mundo interior del mundo exterior.

Carl Rogers nos habla de conducta madura como sinónimo de normalidad (o Salud Mental) La muestra el individuo cuando percibe realísticamente y en una manera amplia (alerta y flexible) y no defensiva:

·         Aceptando la responsabilidad por su propio comportamiento.

·         Evaluando la experiencia según la evidencia que proviene de sus propios sentidos (y no en función de lo que dicen los otros), es decir, tener la capacidad de juicio crítico.

·         Cambiando su evaluación de la experiencia sobre la base de nuevas evidencias (pensamiento flexible)

·         Aceptando la responsabilidad de ser distinto de los demás y aceptando a los otros como individuos diferentes a él.

·         Saberse premiar así mismo y a los demás.

Desde otra perspectiva podemos considerar a la Salud Mental, de acuerdo con Theodora Alcock, en términos de libertades dentro de la estructura de la personalidad:

1.      Libertad de pensar eficientemente dentro de los límites de la capacidad intelectual.

2.      Libertad de actuar sin compulsión ni inhibición exageradas.

3.      Libertad para sublimar, es decir, de utilizar impulsos instintivos y conflictos inconscientes para fines constructivos deseados conscientemente.

4.      Libertad de entablar y sostener relaciones humanas y de gozar con ellas.

Libertades que deben sustentarse en una armonía interior. En una asociación, en un equilibrio entre la energía instintiva, el propio control y la conciencia sociocultural, es decir, las normas, principios y valores propios de la cultura de una sociedad.

Normalidad (Salud) - Patología

El concepto de normalidad puede ser definido por quienes detentan algún tipo de autoridad: moral, filosófica, jurídica, psicológica, psiquiátrica, social, etc. Esto tiene sus riesgos pues puede utilizarse a favor de intenciones e intereses determinados.

Considerada desde el punto de vista cuantitativo (el mayor porcentaje de ciertas  características, conductas o puntos de vista),  la normalidad podría considerarse una postura desde la cual se discrimina a las minorías, como por ejemplo en el caso de las personas con capacidades diferentes, sin dejar de considerar los juicios de valor que muchas veces conlleva implícita o explícitamente.

Tipos de normalidad (Wolf)

1.      Estadística

 Una persona es normal cuando está próxima a la tendencia de un grupo típico de individuos. Criterio que no es de utilidad porque en la mayoría de la población se dan enfermedades, como por ejemplo la gripe o la desnutrición y la tuberculosis en determinadas zonas donde son endémicas. También existen fenómenos como las aptitudes destacables para ciertos deportes, las virtudes para la música o aquellas personas con  capacidad intelectual superior que están por encima del promedio y no por ello pueden considerarse enfermedad. Si se considera desde la norma estadística como enfermo todo aquello que sea “diferente” o “especial” dentro de una cultura, es decir todo lo que está por fuera de la media, el peligro es que se asimile anormalidad con enfermedad.

2.      Normativa

El individuo es normal cuando cumple con las normas o reglas éticas de su grupo de pertenencia, es decir cuando se asimila a las expectativas de conductas habituales del grupo. Por lo tanto, sería normal ser mentiroso, traidor, corrupto, encubridor, etc. si lo demandara el “grupo” (Pensemos en la triste realidad de nuestras instituciones  y de nuestras clases dirigentes). De esta manera, normalidad podría confundirse con cierta facilidad con el mejor ajuste adaptativo. Un funcionario honesto, una persona leal, alguien que dice la verdad, etc., estarían dentro de cierto rango “enfermo” o “anormal” y una persona con determinado trastorno mental sería considerada “no adaptada a su ambiente”. Criterio que tampoco es adecuado, pues personas suficientemente sanas con capacidad como para cuestionar y modificar su medio podrían categorizarse como anormales, carentes de ética. O contrariamente, individuos que han dejado de lado su creatividad, iniciativa, originalidad, etc., “adaptándose” al ideal de su sociedad podrían considerarse muy normales.

3.      Clínica

Concepto más adecuado que nos posibilita considerar a la salud y a la enfermedad como puntos dentro de un continuum, y no como dicotomías irreconciliables, en cuyos extremos figuren, en uno la Salud Mental y en otro la Enfermedad Mental como conceptos opuestos, habiendo entre ellos gradaciones intermedias. En el punto extremo de anormalidad estaría la persona carente de autonomía y responsabilidad, siendo de peligro para su vida y para la de terceros. En el extremo de Salud se ubicaría el sujeto suficientemente autónomo y responsable, capaz de apreciar y cuidar la vida.

 Lo que no es posible determinar, es un atributo o rasgo específico que, por sí solo y aisladamente, le asegure a quien lo posea la Salud Mental, o por el contrario que su ausencia signifique Enfermedad mental.

 Cada persona se ubica en algún punto de esta línea continua,  oscilando siempre entre los dos polos.

Estar sano y ser normal

Por último, podemos afirmar lo siguiente, que el individuo sea “normal” no es sinónimo de estar sano, pues la enfermedad puede presentarse como una forma de normalidad.

Estar sano implica ser normal en determinada situación; pero además, en situaciones imprevistas, poder superar la norma, tolerar infracciones a la norma establecida e instaurar nuevas normas.

Tener buena salud significa poder enfermarse y recuperarse. En realidad personas que parecen muy sanas, normales y muy adaptados pueden estar en peligro somática y psíquicamente.

Por ejemplo, los enfermos psicosomáticos y sobreadaptados: individuos que sufren los típicos infartos masivos cuando tratan de alcanzar las metas promocionadas e impuestas por la cultura postmoderna: dinero, posesiones materiales, éxito, fama, competitividad, eficacia, etc.

 

      *     Psicólogo, graduado en la Universidad Católica de La Plata

   Postgrado Psicoterapias Cognitivas e Integrativas, FCM, UNLP