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PÁNICO
Lic. Rubén Di Battista
“Repentino
estado de temor (fright) acompañado de intentos desesperados de buscar
seguridad o auxilio.”
Las crisis de pánico
muestran cómo el ser humano atiende a las sensaciones internas para
informarse sobre la integridad de funciones vitales. Información que será
modificada por sus esquemas afectivos dominantes. El panicoso atenderá las señales
que provienen de su mente, cuerpo o impulsos.
Para quien las
padece, las crisis son vivencias singulares, distintas a otras que pudo haber
sentido con intenso temor o peligro. No sólo las sensaciones propias sino
también las percepciones del mundo externo están modificadas en su
apariencia, adquiriendo propiedades que las tornan diferentes, irreales.
A estas diferencias
se agrega el comienzo brusco de los síntomas y la intrusión de ideas catastróficas
de descontrol o de muerte.
Componentes
somáticos del cuadro
1.
Dolor precordial.
2.
Falta de aire con sensación de ahogo.
3.
Taquicardia.
4.
Palpitaciones.
5.
Visión borrosa.
6.
Opresión en la cabeza.
7.
Debilidad en las piernas.
Síntomas
que
se presentan en un estado de gran agitación, junto con un impulso
irresistible de huir de la situación.
En otros casos domina
el bloqueo motor y la incapacidad de reacción.
Características propias
·
Crisis de angustia: sensaciones
somáticas de angustia intensas. Presentación brusca de síntomas somáticos
intensos y perturbadores.
·
Se desarrollan en un breve lapso
de tiempo.
·
Asociados con ideas de muerte,
Vivencias de locura o muerte inminente.
·
Incapacidad de razonar.
·
Estado de agitación. Descontrol
(pérdida del control).
·
Terror. Miedo intenso, inesperado y
sobrecogedor.
·
Intentos desesperados por encontrar ayuda y protección.
DSM-IV
Crisis
de angustia (panic attack)
Aparición súbita, temporal y
aislada de síntomas de aprensión, miedo pavoroso, terror o malestar
intensos. La crisis se inicia bruscamente y alcanza su máxima expresión con
rapidez: en 10 minutos o menos. Tarda entre 3 y 10 minutos en desaparecer.
Por lo tanto, una condición
necesaria es su presentación brusca y el cuadro total debe presentarse en
menos de 10 minutos.
Queda
el miedo: ¿cuándo será la próxima vez?
El ataque
puede ocurrir por agorafobia (miedo a los espacios abiertos) y, en algunos
casos, por claustrofobia (temor al encierro).
A menudo es
concomitante una sensación de peligro o de muerte inminente y de una urgente
necesidad de escapar.
Se acompaña
de al menos cuatro (o más) de un total de los siguientes síntomas somáticos
o cognoscitivos:
1.
Palpitaciones, sacudidas del corazón o aumento de la frecuencia cardíaca
(taquicardia).
2.
Sudoración.
3.
Temblores o sacudidas.
4.
Sensación de ahogo (asfixia) o falta de aliento.
5.
Sensación de atragantarse.
6.
Opresión o malestar torácicos.
7.
Trastornos gastrointestinales: náuseas o molestias.
8.
Inestabilidad, mareo o desmayo.
9.
Despersonalización.
10.
Desrrealización.
11.
Miedo a perder el control.
12.
Miedo a “volverse loco”.
13.
Miedo a sufrir un infarto.
14.
Miedo a morir.
15.
Parestesias.
16.
Escalofríos o sofocaciones.
17.
Ruborización.
Crisis completa
Se pueden detectar al menos 4 de los síntomas listados.
Crisis
sintomática parcial o limitada
Reúne
los restantes criterios, pero presentan menos de 4 de estos síntomas.
3 tipos característicos
Se
diferencian por el modo de inicio y la presencia o ausencia de desencadenantes
ambientales.
Inesperadas
No relacionadas con estímulos ambientales. Aparecen sin ningún motivo
aparente.
Situacionales
Desencadenadas por estímulos ambientales. Aparece de forma casi exclusiva
inmediatamente después de la exposición o anticipación de un estímulo o
desencadenante ambiental (Ejemplo: ver un perro o una serpiente desencadena
automáticamente una crisis).
Más
o menos relacionadas con una situación determinada
Tienen más probabilidades de aparecer al exponerse el sujeto a ciertos
estímulos o desencadenantes ambientales, aunque no siempre existe esta
asociación con el estímulo ni tampoco siempre el episodio aparece
inmediatamente después de exponerse a la situación (Ejemplo: las crisis
tienen más probabilidades de aparecer al conducir, pero a veces la persona
puede llevar su coche sin sufrir ninguna crisis, o bien padecerla a la media
hora de estar conduciendo)
Presentación de las crisis
Se
presentan de día, habitualmente lejos del hogar y en situaciones o lugares
que tienen condiciones agorafóbicas.
·
Calles.
·
Comercios.
·
Muchedumbres.
·
Transportes públicos.
·
Oficinas públicas.
·
Cines.
·
Teatros.
·
Lugares públicos: confiterías,
restaurantes.
·
Bancos.
·
Realizar trámites.
·
Permanecer solo en casa.
En algunos casos la primera crisis puede presentarse en
su casa.
Precipitantes
Hechos
circunstanciales desencadenan la primera crisis de pánico. El común
denominador es el aumento de las
demandas o de las responsabilidades, deseadas y temidas.
Precipitantes
de las recaídas
Los hechos
precipitantes y los que producen las recaídas tienen semejanzas en los
pacientes con trastorno por pánico.
Los
más frecuentes:
·
Enfermedad grave o muerte de un familiar o allegado.
·
Cambios sociales o laborales que impliquen mayor
responsabilidad.
·
El tránsito hacia otra etapa de la vida.
En los cuadros de pánico
con agorafobia la reaparición de las crisis o de la ansiedad anticipatoria
(conductas de evitación) es una experiencia clínica frecuente.
Criterios de Gravedad
Frecuencia
de las crisis: niveles
Leve
Las
crisis son espaciadas, una o dos por mes.
Moderado
Su
presentación es semanal.
Grave
Padecimiento
diario o varias veces en la semana.
Requiere
de la presencia de crisis de angustia inesperadas y recidivantes,
seguidas de la aparición, durante un período como mínimo de un mes, de
preocupaciones persistentes por la posibilidad de padecer nuevas crisis de
angustia y por sus posibles implicaciones o consecuencias, o de un cambio
conductual significativo relacionado
con estas crisis.
Para
su diagnóstico, se requiere haber presentado por lo menos dos crisis de
angustia inesperadas.
Las
crisis sintomáticas limitadas son muy frecuentes en el trastorno de angustia.
La mayoría de quienes la presentan, padecen crisis de angustia completas en
algún momento del curso del trastorno.
Para su diagnóstico
no basta la presencia de crisis, pues éstas pueden aparecer como
intercurrencia en otros trastornos. Quedar atrapado en un ascensor puede
precipitarla en un claustrofóbico, o en el obsesivo-compulsivo, cuando se le
bloquea un ritual impostergable. Se exigen otras características evolutivas
del cuadro, entre ellas: la frecuencia de las mismas.
El trastorno por pánico causa:
·
Una creciente perturbación de la vida de relación,
familiar y laboral. Necesidad de una figura de apoyo.
·
Pérdida de autonomía.
·
Abandono del trabajo.
·
Inversión de roles.
·
Deterioro económico.
Necesidad
de cambio
Está motivada por el
sufrimiento, las limitaciones o repercusión social o laboral que genera el
trastorno.
Perturbaciones cognitivas
1.
La atención está perturbada.
Le
cuesta mucho mantener la concentración o sostener un curso de ideas.
2.
La coordinación de sus acciones se altera.
Junto
con la imposibilidad para concentrarse y pensar con claridad llevan a la
convicción de que se está perdiendo el control sobre uno mismo: uno de los aspectos más característicos de la crisis.
Esta percepción subjetiva de descontrol es la base de
los temores a:
·
Volverse loco o morir.
·
Sufrir un infarto.
·
Desmayarse.
·
Gritar.
·
Correr sin rumbo.
La convicción de su inminencia es tan
intensa que no puede revertirse racionalmente, retroalimentando los síntomas
somáticos.
Estas
ideas pasan a dominar su temor, que deja de estar vinculado directamente a los
síntomas somáticos de la emoción.
La
incapacidad de control sobre sus procesos mentales y acciones es el factor más desorganizativo
de la reacción, más que la intensidad de la explosión emocional.
En
la cima de la crisis, la atención se centra en ciertas ideas irreductibles y
no ya en las sensaciones físicas, tales como:
·
El dolor en el pecho es realmente
un ataque al corazón.
·
La debilidad en las piernas y
entumecimiento de los dedos significan el inicio de un ataque cerebral.
·
Que el no poder pensar con claridad
y controlar la voluntad, lo llevará irremediablemente a un trastorno mental
(volverse loco).
·
La muerte inminente es el único significado posible del
ahogo que le impide respirar.
Epidemiología
Inicio
Predomina
en la segunda década, registrándose crisis aisladas varios años antes, a
veces en la adolescencia.
Muy
poco común después de los 45 años.
Factores de riesgo
Ciertos
trastornos. Prolapso de válvula mitral, enfermedades de la glándula
tiroides, la epilepsia y otros.
Antecedentes familiares
Aumentan
las probabilidades.
Población
general
Incidencia entre 1,2
a 2%. Puede llegar al 7 y aún al 20% para quienes tengan familiares directos
con antecedentes, los que tendrían especificidad, es decir, los familiares
presentan la misma patología, también para los restantes trastornos de
ansiedad.
Las crisis de pánico
parecen ser universales. Presentan una incidencia semejante en distintas
culturas.
Cerca del 10% de la
población experimenta al menos crisis ocasionales, y en el 5% de esos casos
se pueden tornar lo suficientemente frecuentes como para ser consideradas un
trastorno perturbador que cumple con los requisitos del DSM-IV.
Agorafobia
La evitación agorafóbica
Constituye una fobia
de alejamiento. Se instala como consecuencia de la ansiedad
anticipatoria condicionada: temor ante la idea de estar en una
situación o lugar donde, por su experiencia anterior, el sujeto sabe que
puede sufrir los síntomas del pánico. Estas situaciones serán regularmente
evitadas produciendo cada vez mayor incapacidad social y laboral.
La
actitud de alejarse o acercarse modifica el significado de la distancia.
Fobia de alejamiento
Aparición
de ansiedad o conducta
de evitación en lugares o situaciones donde
escapar resulta difícil (o embarazoso), o donde sea imposible encontrar ayuda
en el caso de aparecer una crisis de angustia (inesperada o más o menos
relacionada con una situación) o síntomas similares a la angustia.
Temores
·
Estar solo fuera (o dentro) de su
casa.
·
Mezclarse con la gente.
·
hacer cola.
·
Pasar por un puente.
·
Viajar en micro, tren o automóvil.
·
Otros.
Perfil
agorafóbico
Situaciones
·
Estar lejos de un lugar seguro (casa).
·
Estar solo o sin la presencia de una figura de apoyo.
·
Aglomeraciones.
·
Con gente poco conocida o que desconocen su problema.
·
Lugar de donde no puede salir sin ser notado.
·
Obligatoriedad de estar (en clase, trabajos con horario,
etc.).
·
Transportes públicos (peor en trayectos fijos, sin paradas
intermedias).
·
Rutas de dirección única (autopistas, túneles,
distribuidores).
Etiopatogenia de la
agorafobia
DSM-IV
Si bien los ataques
de pánico deben ser seguidos por el temor a que se repitan, sólo se exige
que deben ser recurrentes, dando prioridad a la aprehensión y al temor como
consecuencia de los ataques o producir cambios en la conducta como resultado
de la crisis. Porque muchas veces basta una sola crisis para que las conductas
evitativas (fóbicas) se establezcan.
El DSM-IV
conceptualiza la etiopatogenia de la agorafobia. Es consecuencia de las crisis
de pánico “inesperadas” que generan el temor a padecerlas nuevamente,
llevando a evitar los lugares capaces de evocarlas. La agorafobia se considera
secundaria: consecutiva a una o más crisis, limitadas o completas.
CIE-10
No son las crisis condición necesaria para el desarrollo de
la agorafobia. Según la experiencia, un número importante de pacientes con
agorafobia nunca presentó crisis de pánico previas. La agorafobia es primaria.
Para la agorafobia
exige que haya evitación o temor en por lo menos dos de las siguientes
situaciones:
·
Lugares públicos.
·
Aglomeraciones.
·
Viajar solo.
·
Ausentarse de su casa.
Criterios basados en
las evidencias clínicas demuestran que las crisis de pánico no se precipitan
al azar, como se podría esperar de una eclosión inesperada, y por lo tanto
capaz de condicionar cualquier estímulo asociado, sino que lo hacen en las
situaciones pertenecientes al perfil agorafóbico. Las crisis serían
secundarias.
Mayor es el temor
cuanto mayor es la distancia de un lugar seguro para la persona.
La actitud de
alejarse o acercarse modifica el significado de la distancia.
Una alternativa para
superar el temor
es
la de buscar el apoyo de alguien confiable que le dé seguridad al alejarse.
La conducta de un
paciente con agorafobia y pánico es muy semejante a la de un niño indefenso.
Por ejemplo, cuando pierde de vista a su madre en la calle entra en pánico.
La
sobreprotección
en la infancia de pacientes con pánico fue detectada como una variable
significativa.
Crisis de pánico sin fobia
Se denomina trastorno por pánico no complicado.
·
Su frecuencia es mucho menor que la del pánico con
agorafobia o la agorafobia sin pánico.
·
La presentación de las conductas de evitación no guarda
relación con la intensidad de la crisis.
·
Registran las mismas variaciones en la intensidad de las
crisis que los agorafóbicos.
·
Aunque padezcan intenso malestar, no muestran desarrollos fóbicos.
Comorbilidad
Feinstein restringía
el término comorbilidad a trastornos y no meramente a síntomas.
“Toda entidad clínica que hubiera existido o que se presente durante el
curso de otra afección”.
Actualmente se lo
amplió para designar síntomas además de trastornos.
La significación de
la comorbilidad es mayor con relación al pánico y la agorafobia,
considerando que los trastornos por ansiedad, si bien unificados en categorías
por sus manifestaciones clínicamente comunes, muestran una gran disparidad
etiopatogénica y terapéutica.
Identificar con
precisión un trastorno que tiene un tratamiento de cierta especificidad es de
gran importancia práctica.
Comorbilidad
I: Pánico-depresión
·
Trastornos afectivos: depresión,
el 58% la sufre en algún momento.
Comorbilidad
II: pánico-trastornos por ansiedad
·
Desorden por somatización: Complica
el tratamiento.
·
Fobia social: Más jóvenes,
mejor nivel. SE, sexo masculino.
·
TOC y obsesividad.
·
Alta obsesividad: Es más
lenta su evolución en pacientes con pánico.
·
Alcoholismo: relacionado con
agorafobia. Más frecuente en hombres.
·
Despersonalización y
desrrealización: Dentro
y fuera de las crisis.
UN POCO DE TEORÍA
Hechos traumáticos y crisis de pánico
La atención se ha
centrado en la posible relación entre ciertos hechos vitales traumáticos,
recientes o históricos y en los trastornos de agorafobia y pánico, por la
naturaleza particular del trastorno y el carácter regresivo de la conducta
(de apego, traducida por la necesidad de protección) y la frecuencia con que
ciertos hechos precipitantes se asocian al comienzo del padecimiento.
Lo que se cuestiona
es el carácter específico de la asociación entre traumas vitales recientes
y el comienzo de las crisis de pánico. Se describen iguales detonantes en la
ansiedad generalizada y en otros cuadros ansiosos.
Como un hecho es
traumático a través del significado dado, la pregunta sería si actúa por sí
mismo, o por mecanismos psicológicos intermediarios o bien precipita un
trastorno para el que se está predispuesto.
Como resultado de
estudios, los traumas recientes deben considerarse como comunes denominadores
de los desórdenes de ansiedad y de otros problemas psíquicos en
general.
Cuando se analizan
las experiencias traumáticas a lo largo de la vida surgen las diferencias de
mayor interés. Los afectados de pánico
habrían padecido un número mayor de situaciones críticas que
los obsesivo-compulsivos y con más frecuencia en la infancia y la
adolescencia que la población normal.
En los pacientes
agorafóbicos, predomina la categoría de los conflictos con los padres, y con
la madre en particular.
Para otros autores,
el mayor número de hechos traumáticos se presenta en los 12 meses antes a la
primera crisis. Las circunstancias negativas tienen que ver, en
general, con problemas de salud y conflictos interpersonales.
Teorías del apego
Las conductas de
apego y las de exploración se relacionan de un modo complejo (Güidano). La
posibilidad de explorar depende mucho de disponer de figuras de apego
“positivas” que brinden libertad progresiva para reconocer el medio y
fomentar el autovalimiento.
Esta posibilidad
también significa separación o desapego activo. Esa misma complejidad
predispone a la distorsión en el proceso de desarrollo.
Fuentes
de perturbación del proceso
Apegos
Ausente
Falta de figuras de
apego confiables.
Ansioso
El temor a perder la
figura de apego impide exploración autónoma.
Punitivo
La figura amenaza o
castiga las conductas exploratorias.
Ambiguo
La falta de definición
de sus figuras de apego le impide generar expectativas coherentes y precisas
sobre su capacidad tanto de lograr un adecuado vínculo de apego como
de adquirir capacidad exploratoria.
Una vez consolidado
este apego patológico, influye en el desarrollo cognitivo posterior,
considerando que la presencia e interacción con otras personas son cruciales,
en el sentido de la teoría del espejo, para construir la auto-imagen
(autoconocimiento personal).
En la agorafobia se
bloquea el proceso de desapego y perturba las conductas exploratorias. No
encontraremos prohibiciones explícitas, sino más bien, insinuaciones,
señales, mensaje de doble vínculo, que hacen sentir al niño que “es mejor
no hacerlo solo”.
Los padres destacan
los elementos amenazantes del mundo externo o las dificultades o limitaciones
del vivir reafirmando así la necesidad de ayuda permanente.
Los
padres sobreprotectores, siempre listos para asistirlo, generan el sentimiento
positivo de ser querido (auto imagen querible), pero a la vez pueden generar
un sentimiento de debilidad y fragilidad ante un mundo exterior amenazante.
¿Cómo
se compensa?
Manteniendo un
“estricto control sobre las debilidades de sí mismo”. Pero las
necesidades de independencia presionan en la búsqueda de una autoimagen más
aceptable, generando sentimientos agudos de insuficiencia y frustración.
Es característico en
el paciente con pánico y agorafobia la coexistencia de dependencia con una
gran necesidad de autonomía total, que llega a expresarse en: una total
intolerancia a los controles, directos o indirectos.
Ansiedad de separación y trastornos por ansiedad
Los pacientes con pánico
(con y sin agorafobia) tienen entre sus antecedentes una mayor frecuencia de separación en la infancia y un riesgo
mayor de pánico, agorafobia y alcoholismo que un grupo control, apoyando la
hipótesis de que el trauma de separación podría influir en la edad de
comienzo del trastorno por pánico.
La
ansiedad
de separación
podría ser un factor de
predicción de pánico precoz.
Propuestas psicobiológicas
En relación con la
asociación entre desarrollo, separación y pánico.
Traumas infantiles
Abuso físico y
sexual, además de la separación y la pérdida: su participación en los
trastornos por ansiedad en general, en el pánico y la fobia social en
particular.
Participación genética
Como terreno
subyacente. Estudios en gemelos dan fuerza a esta hipótesis.
Propuesta psicoevolutiva
Combinación de lo
anterior. La relación genética es mayor en mujeres. En algunas los vestigios
psicogenéticos de la ansiedad de separación entrarían en conflicto con las
presiones por la realización personal, en nuestro estilo de vida actual.
Fobia
escolar
La relación podría
ser más estrecha en la agorafobia que en el pánico mismo.
En suma, el niño
perturbado desarrollaría conductas inhibidas en el terreno social y temor
general ante lo desconocido. En la aparición del trastorno por ansiedad (pánico
u otro) habría situaciones vitales desfavorables que activarían la
vulnerabilidad latente del paciente.
Los pacientes con crisis de pánico se presentan según dos formas que
responden a distintas historias evolutivas
1.
Hasta la crisis, sujetos con un funcionamiento psíquico
razonablemente normal, sin trastornos emocionales.
Las
crisis se viven como inesperadas. Serían biológicas. El paciente no puede
explicarlas por ninguna experiencia emocional o psicológica. Una
base
biológica (error metabólico) sería la responsable de esta primer crisis
inesperada. El paciente no tiene conciencia de las condiciones de amenaza que
rodean a la situación en que se expresa la crisis, tal que es vivenciada como
espontánea.
Hay algo que
pre-anuncia que la crisis se presentará. La primera puede ser inesperada. En
la segunda se produce el condicionamiento. Tras la primera se instala el temor
y la evitación fóbica: secundaria al pánico.
2.
Las personas han padecido temores a lo largo de toda su vida.
La crisis es
vivenciada como la descompensación de un estado anterior que no le es
totalmente ajeno.
Tienden a ser
aprehensivas, con una cuota variable pero constante de inseguridad. Cierta
facilidad para sentir ansiedad en condiciones de encierro, en lugares con
mucha gente, o tendientes a preocupaciones hipocondríacas.
Otras diferencias están
dadas por la intensidad de la primera y el número de síntomas. El paciente
experimenta alguna de las siguientes sensaciones
de:
·
Muerte inminente.
·
Pérdida de control sobre sí mismo.
·
Pérdida de la razón.
·
Que algo grave en su cuerpo está pasando.
Tras una o más
crisis, nace en el paciente el temor creciente a sufrirlas nuevamente.
Pensar en exponerse
en las situaciones o lugares donde las padeció o
en
los que
imagina
que
podría tenerlas, genera una ansiedad anticipatoria que lo lleva a la conducta
de evitación.
El temor a una crisis
sin tener ayuda le impide quedarse solo en casa, salvo con alguien que le dé
seguridad, y sólo con éste se anima a estar en su hogar o salir. Se ha
desarrollado el temor agorafóbico. La crisis sería primaria.
Aún cuando la crisis
marca el comienzo del trastorno, se comprueba que padecieron previamente
malestares diversos:
·
Ansiedad más o menos intensa.
·
Estados depresivos.
·
Inseguridades con temores difusos.
La inseguridad se
vivencia también en las situaciones típicamente agorafóbicas y activa
conductas evitativas.
Forma
de comienzo
Es
frecuente encontrar que fueron anteriores a la primera crisis:
·
La evitación agorafóbica.
·
Los temores hipocondríacos.
·
La ansiedad de tipo general.
La conducta agorafóbica
puede desarrollarse sin antecedente de crisis de pánico.
En suma, el orden de presentación de
la evitación agorafóbica y las crisis de pánico no es tan uniforme como
para sostener que la agorafobia es secundaria a la crisis.
ANSIEDAD
Se
usa indistintamente el concepto para designar a la angustia. Componente normal
y habitual de la vida psíquica de toda persona. Componentes subjetivos de la
emoción que surgen ante la incertidumbre o las expectativas negativas sobre
un hecho o situación por venir.
Se
acompaña de distintas manifestaciones:
Viscerales:
disnea, nudo en el estómago, premura vesical, cólicos intestinales, opresión
precordial, palpitaciones, taquicardia.
Motoras:
tensión, inquietud, inhibición o agitación.
Punto de vista evolutivo
Herencia
filogenética del sistema de alarma (arousal o activación del SNC), al
servicio de la adaptación, que le permite al animal anticipar peligros,
detectar amenazas y activar las conductas para enfrentarlas o evitarlas. Sin
esta capacidad de reacción del SNC no podría sobrevivir.
En
el hombre, estos peligros externos pueden estar en su cuerpo o autogenerados
por su mente.
Temor:
cuando el objeto de ansiedad puede ser identificado.
Miedo:
reacción brusca de temor con intenso estado de agitación.
Se
tiene temor a enfrentar ciertas situaciones. Afirmamos haber sentido miedo
ante una condición amenazante sorpresiva.
Fobia:
ante el observador, las reacciones de miedo son desproporcionadas al estímulo.
Se acompaña del impulso irrefrenable de huir o evitar la situación por todos
los medios.
Como herencia filogenética
de los mecanismos evolutivamente desarrollados por las distintas especies para
prevenirlas de peligros y amenazas, es útil para protegernos (objetivo
natural), sin importar lo irracional, desproporcionada o invalidante que
resulte.
Siendo mecanismos
protectores preformados son necesarios toda la vida. Así, el miedo y la
ansiedad no son patológicos en sí mismos.
Las reacciones
defensivas deben ser rápidas y suficientes para ser eficaces, por lo que es
previsible tender a amplificarlas. En la naturaleza los errores se pagan con
la vida. Por eso en forma natural tendemos a ver errores donde no los hay.
Esta sobre reacción también se extiende a la reacción defensiva o a la
huida. Así se hacen comprensibles las exageradas reacciones emocionales de
los ansiosos o fóbicos.